Algún día podremos cantar nuestra Oda a la grasa retirada, amiga.
Valor.
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martes, 11 de diciembre de 2012
domingo, 10 de octubre de 2010
Esto sí es vida.
Llega el día en que te levantas por la mañana con un fin de semana insultantemente bien planeado.
Te levantas y ya conoces perfectamente todo lo que vas a hacer en lo que te espera de día, y del día que le sigue. Es un plan estupendo, de verdad. Sí, lo llevabas planeando desde hace tiempo.
Te levantas, piensas un poco. Piensas, por qué no. Decides hacer una pequeña modificación en los planes de la tarde. Y llega el día en que te levantas y si te hubieran dicho lo que te iba a pasar ese fin de semana, te habrías meado de risa por lo inverosímil. Por lo surrealista de la ocurrencia de la persona que ha podido inventarse semejante fantasmada.
No sabías que esa pequeña modificación en los planes de la tarde podría haber sido el hecho que desencadenara todo lo demás. De todas formas, ahora tampoco podrías asegurarlo.
En una sola noche, dejaste hablar por los codos a tu subconsciente. Te ilusionaste.
Perdiste la esperanza de seguir importando a esa persona. Buscaste sus ojos. No los encontraste, ni con ellos, esa mirada de fría y sincera indiferencia que tanto te duele, pero que todavía no te has acabado de creer del todo.
Te reencontraste con tu compañero, aquel con el que después del verano perdiste contacto, y que extrañaste mucho. Te llevaste una sorpresa. Alguien hizo que tu corazón se encogiera de nostalgia. Viste a lo lejos una cara conocida que tanto apreciaste, y que, por mucho que te fastidie admitirlo, te apena que ya no volváis a hablar. Te llevaste una alegría.
Volviste a llorar por el amigo que creías perdido en un camino sin retorno. Volviste a oír su voz de verdad, su voz de verdad dirigida a ti. Volviste a sentir su acogedor aroma. Volviste a disfrutar de su particular risa. Volviste a enternecerte por su adorable aspecto. Te preguntaste seriamente cómo podías haber aguantado más de un año sin él. Y probablemente nunca sepáis la respuesta, porque sentisteis como si no hubiera pasado ni un minuto desde la última vez, hace 14 meses, que os dijisteis ''hola''.
Nunca pensaste que tal vez por eso no quisiste irte. Y no fuiste. Y no hiciste nada de lo que planeaste. Ni siquiera cumpliste una parte de tus planes.
Sin embargo, todo lo que jamás habrías imaginado, todo lo que jamás habrías planeado... Se cumplió a la perfección.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Sonrisas.
Lo leí en un lugar, me gustó, me agradó. Es lindo.
A sonreír se aprende habiendo llorado mucho. Cuando te suena demasiado cualquier principio. Cuando deja de sorprenderte cualquier final.A sonreír se empieza en cuanto se aprende a soñar flojito. Es inefable.Pásate varios años con demasiadas ilusiones sin cicatrizar, y a todos tus sueños les acabará saliendo una arruga. Y como no los vayas revisando y actualizando de tanto en tanto, algún día te verás explicándoles por qué ya no pueden salir a la calle vestidos de marinerito.Pero hoy no quiero hablar de sueños. Sino de sonrisas. Y hay muchísimas maneras de estirar la boca.
Para empezar, uno puede sonreír para sí mismo o puede sonreírle a otro. Se trata de sonrisas completamente distintas, sobre todo porque mientras la primera es por donde se escapan ideas alegres y recuerdos indelebles, la segunda constituye el símbolo universal de la complicidad. En este último caso, muchos aseguran que dedicarle a alguien tus labios puede resultar tan contagioso como un bostezo en el metro. Luego están las sonrisas que enseñan los dientes y las que se hacen las interesantes. Nada que ver las unas con las otras.
Creo recordar haber leído que el ser humano, junto a algunos primates, es el único animal del planeta que no enseña los dientes como señal de defensa o agresividad, sino justamente de todo lo contrario. A partir de ahí, todas las demás. Sonrisas de idiota y sonrisas de listillo. Sonrisas falsas, sonrisas malignas, sonrisas tímidas, arrogantes, sonrisas payasas y sonrisas desesperadas. Sonrisas que invitan a un primer paso y sonrisas que declinan toda invitación. Sonrisas verticales, horizontales, de medio lado, de medio pelo y hasta en diagonal. El catálogo de sonrisas humanas se complementa con formas de bocas, accidentes faciales y jardines dentales, hasta crear las infinitas combinaciones que en teoría, y sólo en teoría, deberíamos estar presenciando continuamente. Y es que una variable clave dentro de esta inusual ecuación consiste en el momento en el que decide hacerse presente. Para cualquier otra expresión física, hay que tener muy en cuenta cuándo se manifiesta. Para la sonrisa, no. Da igual la situación en la que te encuentres, una sonrisa bien dibujada siempre te va a ayudar, a ti y seguramente a los demás también. Sí, incluso en un tanatorio, en un accidente y en una ruptura sentimental.
Para terminar, matización importante. No confundirse. Sonreír no tiene nada que ver con reír. Simplemente comparten letras. La sonrisa crece. La risa estalla. La sonrisa calla. La risa berrea. La sonrisa escucha. La risa habla. Pero si se puede sonreír incluso mientras se llora. Con eso está todo dicho. De cualquier modo, si hay algo que realmente me fascina del acto de sonreír es lo mucho que se obtiene frente a lo poco que cuesta. Lo poco que abunda frente a lo gratis que es.
¿Cuántas cálidas sonrisas has dedicado hoy?
A sonreír se aprende habiendo llorado mucho. Cuando te suena demasiado cualquier principio. Cuando deja de sorprenderte cualquier final.A sonreír se empieza en cuanto se aprende a soñar flojito. Es inefable.Pásate varios años con demasiadas ilusiones sin cicatrizar, y a todos tus sueños les acabará saliendo una arruga. Y como no los vayas revisando y actualizando de tanto en tanto, algún día te verás explicándoles por qué ya no pueden salir a la calle vestidos de marinerito.Pero hoy no quiero hablar de sueños. Sino de sonrisas. Y hay muchísimas maneras de estirar la boca.
Para empezar, uno puede sonreír para sí mismo o puede sonreírle a otro. Se trata de sonrisas completamente distintas, sobre todo porque mientras la primera es por donde se escapan ideas alegres y recuerdos indelebles, la segunda constituye el símbolo universal de la complicidad. En este último caso, muchos aseguran que dedicarle a alguien tus labios puede resultar tan contagioso como un bostezo en el metro. Luego están las sonrisas que enseñan los dientes y las que se hacen las interesantes. Nada que ver las unas con las otras.
Creo recordar haber leído que el ser humano, junto a algunos primates, es el único animal del planeta que no enseña los dientes como señal de defensa o agresividad, sino justamente de todo lo contrario. A partir de ahí, todas las demás. Sonrisas de idiota y sonrisas de listillo. Sonrisas falsas, sonrisas malignas, sonrisas tímidas, arrogantes, sonrisas payasas y sonrisas desesperadas. Sonrisas que invitan a un primer paso y sonrisas que declinan toda invitación. Sonrisas verticales, horizontales, de medio lado, de medio pelo y hasta en diagonal. El catálogo de sonrisas humanas se complementa con formas de bocas, accidentes faciales y jardines dentales, hasta crear las infinitas combinaciones que en teoría, y sólo en teoría, deberíamos estar presenciando continuamente. Y es que una variable clave dentro de esta inusual ecuación consiste en el momento en el que decide hacerse presente. Para cualquier otra expresión física, hay que tener muy en cuenta cuándo se manifiesta. Para la sonrisa, no. Da igual la situación en la que te encuentres, una sonrisa bien dibujada siempre te va a ayudar, a ti y seguramente a los demás también. Sí, incluso en un tanatorio, en un accidente y en una ruptura sentimental.
Para terminar, matización importante. No confundirse. Sonreír no tiene nada que ver con reír. Simplemente comparten letras. La sonrisa crece. La risa estalla. La sonrisa calla. La risa berrea. La sonrisa escucha. La risa habla. Pero si se puede sonreír incluso mientras se llora. Con eso está todo dicho. De cualquier modo, si hay algo que realmente me fascina del acto de sonreír es lo mucho que se obtiene frente a lo poco que cuesta. Lo poco que abunda frente a lo gratis que es.
¿Cuántas cálidas sonrisas has dedicado hoy?